El derecho a votar

Día 3 de febrero de 1934. Carlos Mendieta era presidente de Cuba. A pesar de su breve gestión, le tocó firmar nuevas leyes, entre ellas la del sufragio universal. Un día como hoy, el presidente Mendieta firmaría la ley que concedió el voto a las mujeres cubanas. Muchos piensan que fue Ramón Grau San Martín, pero no. Es justo decir que Grau apoyó el sufragio femenino desde todas las trincheras. También es justo decir que cuando llegó a la presidencia mediante elecciones democráticas en 1944, el cínico galeno se olvidó de las mujeres. Un día dijo aquello de que “las mujeres mandan”, pero no nombró a ninguna cubana a su gabinete. Su supuesto feminismo era de dientes pa’fuera. Buche y pluma na’má.

Batista no lo hizo mejor antes de Grau, ni Carlos Prío Socarrás lo haría después. Batista, en su segundo término -el propiciado por su golpe de estado en 1952- nombró a una mujer ministro sin cartera. Bueno, del lobo un pelo, pero ¿qué clase de lechada demagógica era aquello de “sin cartera”?  Y entonces llegó el comandante, y mandó a parar. En el primer gabinete revolucionario, presidido por Manuel Urrutia Lleó, la cartera de Bienestar Social le fue asignada a una mujer: la incansable, internacionalmente conocida y respetada Elena Mederos. No duró mucho en ese puesto esta insigne feminista y activista de los derechos de la mujer y de la infancia: antes del año, partiría al exilio en protesta por el giro que tomaba “la revolución”.  El machismo-leninismo de Fidel Castro cerró filas con los guajiros machos, a ritmo de milicia, tabacazo y ron. ¿Y qué de aquel contingente de valientes cubanas que se alzaron en las montañas bajo el manto de “Mariana Grajales” o del Frente Cívico y Mujeres Oposicionistas Unidas que apoyaron mediante la lucha urbana al M-26?

Celia Sánchez, diez pasos detrás del detentado poder, con la camisa de once varas al hombro, por si se soltaba el loco en un ataque de furia. Haydeé Santamaría, a domar artistas e intelectuales -a los efectos del régimen de guapería, “atención a los maricones”. Vilma Espín, al frente de la agenda de órdenes y obligaciones para con las mujeres, en virtual papel de primera dama, y a desmontar los cientos de organizaciones femeninas independientes de la sociedad civil.  Pastorita Núñez, a la odiada Reforma Urbana. Elena Gil, a las reformas moralistas en las filas socio-laborales. Martha Frayde, con título de médico y todo, al cuerpo diplomático. Edith García Buchaca y Vicentina Antuña  -veteranas comunistas- a estalinizar la cultura…. En fin, de aquella lucha anti-batistiana surgiría una nueva casta de mujeres dirigentes que obviaría a las veteranas expertas de la lucha feminista de la República. Si los macho-leninistas iban a re-escribir la historia pre-1959, había que borrar a sus protagonistas.

Esa historia borrada daba fe de que apenas dos años después de obtener el voto, las cubanas ayudarían a elegir en los comicios de 1936 a seis representantes al Congreso nacional, y poco después nueve representantes más, tres alcaldesas y dos senadoras. En 1939, la Asamblea Constituyente que redactaría la Constitución de 1940 contaría con tres mujeres: las doctoras Alicia Hernández de la Barca y Esperanza Sánchez Mastrapa, y la abogada María Esther Villoch Leyva. Está claro que el asunto no es poder votar, sino tener opciones a la hora de asistir a las urnas. A nivel nacional no hubo mujeres postuladas para ningún cargo. En el actual período revolucionario, al no ser democráticas las elecciones, las candidatas son escogidas “de dedo” por su militancia en “el Partido”, o por su conducta fiel a los objetivos revolucionarios. Hoy por hoy, votar no significa escoger: significa ratificar la pre-selección machista oficial, sin ningunas opciones. Precisamente  en este día van los cubanos de la Isla a votar por lo que será la próxima Asamblea Nacional del Poder Popular. Son 612 candidatos, para 612 escaños. ¿Opciones, para qué?

Celebremos, no obstante, este aniversario número 79.  Celebremos a aquellas feministas de fines de siglo 19 y primeras décadas del 20, que se organizaron perplejas e iracundas ante el ninguneo de los estadistas de turno que obviaron su derecho a la ciudadanía plena. El negarle a las mujeres el voto -no como concesión o favor, sino como obligatorio reconocimiento de su lucha por la independencia de Cuba y su entrada en la modernidad- fue uno de los crasos errores de la Asamblea de 1901.  Pero no habría marcha atrás: la influencia y apoyo de los interventores norteamericanos entre 1898 y 1902 confirmó el concepto de derecho inalienable en el imaginario de nuestras predecesoras. Antes de lograr el voto, las cubanas lograron, entre otros, el derecho a la propiedad (1917), a la potestad de sus hijos (1917), al divorcio (1918), al trabajo (1922), y al aborto (1928). ¡Qué imperialismo ni qué ocho cuartos!  Las feministas de entonces – como las afganas, egipcias, indias e iraquíes de hoy -, supieron que la modernidad se apuntalaba desde el poderoso país anglo-sajón y protestante. Desmontar el atraso oscurantista de la España católica, reaccionaria y misógina no sucedió por arte de magia. Bien decía en 1913 Magdalena Peñarredonda, comandante del Ejército Libertador: “¡El primer feminista que hubo en Cuba fue el general Leonardo Wood”!

Cuba figuró entre los primeros países del continente en aprobar el voto de la mujer. La experiencia confirma que con ese derecho solamente no se logra la equidad. No es el voto, es la lista de candidatos, es la plataforma política de los partidos. ¿Y las candidatas, dóde están? ¿Dónde están las mujeres de visión liberal e inclusivista que saben que desarrollo y progreso tienen que ir de la mano con las vidas y prioridades de la población completa, y no solamente con las de los “padres de familia”?  Sin mujeres en la política, no hay progreso. Sin mujeres en puestos de decisión no hay verdadera justicia social. Contemplemos la realidad de Cuba: ayer, a la vanguardia de los derechos feministas en el continente…. hoy, en la retaguardia, padeciendo el año 54 de un anquilosado nepotismo machista al timón de una nave náufraga.

Sin mujeres, no hay país. Sin mujeres, no hay país. Sin mujeres, no hay país.

Published in: on February 3, 2013 at 10:20 am  Comments (2)  

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2 CommentsLeave a comment

  1. La felicito por su excelente artículo, el cual deseo poner en la sección de mi página dedicada a las mujeres cubanas

    http://profesorcastro.jimdo.com/la-mujer-cubana/

    Por favor, dígame su nombre completo. Mi correo es

    castropanama@yahoo.es

  2. Good!!!


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