¡Ay Cuba, Cuba!

¿Dónde trazar la línea divisoria entre el ahora o nunca, el antes o después, el ya es muy tarde o lánzate que estás a tiempo! Hay quienes han creído con optimismo en la gestión particular de [intentar] forjar algún espacio alternativo o paralelo. “Yo solito, yo solita puedo cambiar algo…” Se piensa que más vale tarde que nunca y aquello de nunca es tarde si la dicha -o la ruptura- es buena… Los que sabemos por experiencia que las “gestiones particulares” no tienen ni la más remota posibilidad a veces nos desesperamos con los que insisten en que se puede ser revolucionario y bueno. (Y debe haber todavía mucho revolucionario bueno, que nunca le ha hecho daño a nadie). Lo cierto es que mucha gente valiosa se pegó un tiro -incluyendo a Haydeé Santamaría en medio de la crisis de Mariel, julio 1980-, o se lanzó al mar en una lata de sardinas, o se perdió en las selvas de Baracoa y más nunca apareció. A lo que no podemos aspirar es a un pueblo de suicidas, de náufragos, de exiliados. Alguien, coño, ha de quedarse allá adentro, y a esos hay que dejarlos actuar, y dejar que se equivoquen. Porque seamos honestos: ¿Quién tiene o tuvo la fórmula exacta? ¿Quién puso el despertador con puntería perfecta para el momento idóneo de “virarse”? [Hay un dicho en inglés: la retrovisión siempre es de 20:20… o dicho en cubano: mirar para atrás siempre es fácil]. No todo el mundo tiene madera de héroe o de mártir. Obviamente, los que salieron de la isla -los que salimos- no tuvieron/tuvimos esa madera, o se nos agotó. Desde la Yuma es muy fácil enjuiciar el “timing” de los que quedaron allá. Esta lucha -que es de relevo- tiene muchos caminos. Todo el que se sume, bienvenido sea. ¿Para qué seguimos luchando si no para sumar conversos a la lección de cívica? ¿Y qué de los que se suman por sí solos, sin que importe la fecha de su epifanía? Pues más bienvenidos todavía.  El gran reto es quedarse en la isla, a-islado. El síndrome de si no me gusta, me voy pa’l carajo no nos ha ayudado mucho en este proceso. No critico el largarse, que a nadie se le puede obligar a vivir en el infierno, y los seres humanos tenemos el derecho de largarnos de donde nos sintamos asfixiados y perseguidos. Pero quedarse -hasta ser expulsado- dentro de la estructura, dentro del país, dentro del juego, dentro del fuego, también es un recurso válido.  Aquello de “que me den candela” como al cangrejo, también hay que considerarlo. Abandonar el espacio, por ínfimo o grande que sea, es una forma de no dar la batalla. Y llevar las cosas hasta el punto que te repudien pública y escandalosamente es una forma de darla, es poner en evidencia al régimen en su [des]facha[tez] más exacta.  ¡Ay Cuba, Cuba! ¡Qué falta nos hace menos abuso y más claridad!

Published in: on May 25, 2011 at 9:50 pm  Comments (2)  

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2 CommentsLeave a comment

  1. Ay, Ileana, qué conmovida me dejas, qué mujer iluminada eres… porque tú existes, yo me felicito. Gracias. Te abrazo.

  2. Querida Ileana: Esto es maravilloso! Llevo años preguntandome si toda esa gente se hubiera quedado en Cuba en 1960, como seria la cosa ahora? Siempre elaboras nuestra problematica con sensibilidad, agudeza, e inteligencia. Un modelo de la mujer cubana en una epoca en que muchas de ellas, las que viven en la isla, ha perdido su nobleza y dignidad por la apremiante necesidad economica.
    un abrazo, Adriana


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